OANI Teatro


"Nadie se hace humano solo, sólo el contagio, el contacto con otros humanos nos hace humanos" Fernando Savater

SOPLO, o la naturalización de un cuerpo ficticio


Desde 2013 OANI Teatro viene desarrollando “Laboratorio para el Teatro de las Formas Animadas”, proyecto en cuatro etapas financiado por Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONDART) Región de Valparaíso del Gobierno de Chile, que finaliza con la creación y estreno de SOPLO (dic 2017).

RESEÑA:

Nos habla sobre la condición humana de habitar la soledad, de atravesar por el exilio, de ser un otro diferente en una sociedad contemporánea, el momento en que vidas completas acaban siendo solo un soplo, una respiración del gran ciclo vital.
Una performance o una escenificación que está centrada en un orden de percepción estética y sensorial hacia el espectador y los intérpretes. Materialidad: bolsas plásticas, sonoridad y luz.

IMÁGENES

La propuesta nace de la acumulación de experiencias y aprendizajes obtenidos en las etapas anteriores del proyecto que se acoplan para crear el diseño de un tejido, una re-conexión de capas materiales hacia el desarrollo de una performance o una escenificación que está centrada más bien en el orden de lo perceptivo. De esta manera, Soplo se constituye como una experiencia sensorial, originada desde un proceso de cruces de contenidos, metodologías y estrategias de escenificaciónes contemporáneas. Esta nueva búsqueda es reflejo a su vez de un proceso creativo y constructivo que OANI Teatro ha ido constantemente desarrollando en sus diferentes apuestas de montajes durante sus 20 años de existencia.

ENTREVISTA DIRECTOR Y ACTRIZ

LA ELABORACIÓN DE UN DISCURSO

El cuerpo, como materia inacabada y artificial, es un lastre doliente, un peso que se carga y se arrastra de un lado a otro como una condena. Su figura estática y cerrada pesa como un agujero negro sobre la escena: el torso de hombre es un punto de tensión en torno al cual se orbita. Es, sin embargo, frágil, su entereza es precaria. Al rasgarlo se franquea el límite entre el interior y el exterior, y entramos de lleno en el ámbito del caos. Nada nos cuida: lo de afuera se mete adentro, y lo de adentro no deja de desparramarse. No sabemos qué somos. Lo vivo ensaya sus formas, las crea y las destruye una y otra vez. Caemos de bruces en lo informe. Nos asfixiamos en ese charco hecho de nosotros mismos, en eso que es nuestro pero que no podemos reconocer: lo que Julia Kristeva conceptualizó como lo abyecto, una zona indeterminada y fronteriza que no está ni dentro ni fuera del yo, que lo aterroriza a la vez que lo fascina, que amenaza con tragarlo a la vez que constituye su ser. Ello nos invade, se nos pega y nos recuerda que toda forma es provisoria, contingente, un intento desesperado por capturar aquello que se desparrama y amenaza con diluir la identidad.

Cuando la forma se disuelve, o, más bien, cuando la forma deja de ajustarse a la norma, se constituye la monstruosidad y la metamorfosis aparece como entrelugar a habitar: la identidad no se ubica en cuanto tal ni en el origen ni en el final de la forma, sino en su continuo devenir. Por supuesto, la monstruosidad del cuerpo que se abre y transfigura supone también el colapso de las categorías: el yo deja de ser una entidad idéntica a sí misma; se disuelve también el género como modelaje del cuerpo a partir de una norma social; el cuerpo se monta entre lo orgánico y lo plástico. Este centrifugado del sujeto acaba por hacer reventar lo que en algún momento pudo tenerse como una certeza. Soplo exhibe el conflicto entre la forma y el interior, la imposibilidad de encajar el uno en el otro, y el estallido que es consecuencia de ello.

La escenificación estimula la sensorialidad del espectador, lo hace partícipe a nivel físico de la metamorfosis. El chirrido constante, el susurro, la confusión y los mugidos de la materia nos envuelven en una espiral angustiante. El ruido, como elemento sustancial de la teatralidad, nos rasga, nos abre y nos deja expuestos en tanto carne que respira, carne que, encerrada en sí misma, busca las maneras de abrir un orificio, salir del encierro que supone el cuerpo y tomar aire.
Rodrigo Gonzalez DinamarcaLicenciado y magister en Letras con especialización en lo Monstruoso – Premio Roberto Bolaño 2012 – Doctorado en Literatura en PUC – CHILE

El equipo creativo está conformado por:

Claudio Marín Echeverría / Director
Camila Landon Vío / Actriz performer
Carlos Canales Sierra / Composición y ejecución sonora
José Farías/ Iluminador
Valeria Correa Rojas / Dramaturgia
Eduardo Jiménez Cavieres / Diseño de iluminación y escenografía
Mayra Olivares / Diseño y realización de vestuarios
Rodrigo Iturrieta / Registro audiovisual
Maceteros Producciones / Diseño gráfico y fotografia.

ESTRENO DICIEMBRE 2017, VALPARAÍSO, CHILE


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